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domingo, 7 de abril de 2013

Pensamientos




Yo no puedo hablar de Moisés sin ponerme de mala leche a veces, un poco cotilla y metiche, que te daba su opinión sin pedirla, que si los jóvenes esto, que si los jóvenes aquello, nos regalaba caramelos derretidos je je.

Cada domingo, Toc Toc, sonaba la puerta  después de comer,  ya sabes quién es, yehhhh!!  ¿Qué vida?!!    Saludaba, el Moisés y el Isidro como decimos en mi casa. Ahí llegaban siempre, la pareja como el gordo y el flaco. Con sus boinas, sujetando la paja de trigo entre los labios. Siempre habla más Moisés, que si este político  es un ladrón que el otro también jejej, la alegría de la huerta cuando llegaban, aunque, cómo jodía el Moisés. Gran amigo de mi abuelo, de la familia, gracias por todo.  Una cosa me quedó pendiente, hacerle fotos a esos ojos azules y las arrugas marcadas de su cara, me quedé con esa pena.

En fin, parte de nuestras vidas, pues aunque al final se hizo famosillo, hablar de él es una excusa para hablar del pueblo, nuestro pueblo, aunque no hayamos nacido en él y nos llamen forasteras.  Un pedacito de Valdegeña, con Audaz, Antonia, Guadalupe… y los que se han ido antes. Cada vez que escucho, se ha muerto tal… se ha muerto cual… se me encoje el corazón y me brotan las lágrimas como que hubiera sido alguien de mi familia, muy  cercano.  También porque  para mí no son solo personas, son parte de una historia, mi historia, mi infancia, los personajes  que había en escena siempre y que llegada una edad te hacen darte cuenta de que el tiempo pasa y las cosas cambian. Y solo quieres volver a cuando eras niña, al bocata de nocilla, donde todo estaba bien y las cosas no cambiaban.


Marian García Gallego

jueves, 4 de abril de 2013

Para Moisés, ahora que nos ve desde otro sitio



Moisés Casi Nadie. Curtido por cien mil hielos y abrasado por todos los soles del estío. Ahora que te nos has ido y no te veremos más saludar por los caminos, apoyado en un palo, vistiendo camisas de antaño y una boina enorme heredada del Avelino. Ahora, digo, es bueno recordar contigo lo que fuimos y no volveremos a ser.


Moisés De las Sentencias. Que recitabas de corrido. Aprendidas de tus mayores y los nuestros a lo largo de tantos años, que respetabas como si fueran sagrada doctrina. Cuando no se ha ido mucho a la escuela porque había que arrimar el hombro, las conversaciones y las ideas de los hombres del pueblo con quien convives se le quedan a uno grabadas a fuego en la memoria; son la fuente de inspiración para toda la vida.


Moisés de Valdegeña. El pequeño pueblo acostado en la montaña, desparramado desde el Carrascal hasta La Balsa, y desde Peña Rubia hasta El Llano. Nos gustaba encontrarte en el camino de La Dehesa, encaramado en una piedra en el carasol de la tarde, oliendo la tierra y oteando el cielo para saber si iba a cambiar el tiempo.


Moisés Ciriano. La vía y la carretera general guardan todavía los frutos de tu trabajo. Solo llegar a la obra te tomaba un par de horas. Luego había que trabajar ocho más y volver al pueblo. Con lluvia y cellisca en el invierno. Con sol de justicia en el verano. Con el hatillo a cuestas: pan y más pan con algo del tocino en la fiambrera. Cuánta privación para acabar cobrando una pensión mínima, que veías como el maná prometido y bendecías porque ni en sueños hubieras podido imaginar que la cobrarías sin apenas haber cotizado.


Moisés Fiel a Ti Mismo. Con la escopeta al hombro o con la hoz, acarreando mieses o aventando, tras la yunta arando o con el mallo de partir piedras. Luego fiel también a tu tradición y a tu costumbre. En el pueblo sin frigorífico y sin televisión, calentándote en el hogar, como hicieran desde hace cien generaciones los agricultores de tu familia.


Moisés Estrella. Un día te pusieron un micrófono y te grabaron diciendo las verdades como puños, que les podías recitar de memoria porque practicabas en el pueblo con quien quisiera oírte, aderezadas con ese tomillo de ciencia infusa que tenía más de sentido común que de economía. Más de repente genético de humilde soriano que de rigurosa deducción lógica. Ya sabéis: cuando se tiene no se gasta, y cuando no se tiene mucho menos. Los de ciudad, heridos por tanto realismo, quisieron creer que habías predicho la Crisis Grande un par de años antes de que mostrase la oreja. ¡Qué ingenuos!, lo que habías anticipado no era esta crisis financiera que nos envenena el presente, sino la crisis eterna que siempre vuelve a los hombres cuando no se necesita, precisamente con la resaca de la fiesta: predecirla es tan fácil como adivinar que hará frío en el invierno o que lloverá algún día de estos, por mucho que haya durado el buen tiempo.


Moisés Casi Na. Te echaremos de menos cuando volvamos al pueblo, que ahora es mucho más un paisaje sin figuras once meses y medio al año. Añoraremos las mañanas al sol en la Plaza Vieja y las tardes en la Escuela, cuando dabas las últimas noticias de casi todo. Seremos más pequeños sin ti, porque con ti se ha ido algo de cada uno de nosotros que no volverá, un poquito de la esencia que nos hacía ser quienes somos. Te añoraremos a ti, o lo que es igual echaremos en falta la parte de nosotros que te has llevado.



José Antonio y Clara



jueves, 13 de septiembre de 2012

Presentación del libro Campodelagua - Zaragoza III

Asi nos presento el libro de Avelino Nuria en Zaragoza.



Presentación de la reedición del libro de Avelino Hernández 'Campodelagua', de la editorial Nuevos Rumbos. Por Nuria Casas

                                                                        Zaragoza, 22 de junio de 2012

No conocía personalmente a los hermanos Pérez Collados hasta esta tarde. Supe de su inquietud por la buena literatura cuando mi compañero de Heraldo Mariano García me contó, hace año y medio, que habían creado la editorial Nuevos Rumbos y que querían recuperar obras de mi paisano y amigo Avelino Hernández. Dice mucho sobre la sensibilidad literaria de los hermanos Pérez Collados que en estos tiempos que corren se lancen al rescate de obras como ‘Campodelagua’. Aunque hace nueve años que desapareció físicamente, la magia del escritor soriano de Valdegeña sigue presente y depara grandes sorpresas y encuentros como este en torno a su obra.
En ‘Campodelagua’, de la mano de María de las Cerezas y los otros hijos de Jonás, el autor ahonda en los referentes cruciales de su literatura. Con una prosa poética cargada de simbolismo, parte de un hecho básico que solemos olvidar: el ser humano es naturaleza. Por eso enmarca su discurso en el escenario rural y coloca a Juan, uno de los hijos de Jonás, luchando cuerpo a cuerpo contra las bestias, con la inteligencia como única arma. Porque, como decía y hacía Avelino, la inteligencia humana ha de ponerse al servicio de la vida, y si sobra algo, al servicio del arte.
Hundiendo las raíces en la abrupta vida del campo, profundiza en temas  universales: el sentimiento trágico de la vida, la muerte, el amor y el desamor, el sexo, la supervivencia, la traición, el destino.
Gracias a su premeditada sencillez, Avelino ha sabido captar la atención de lectores de todas las generaciones. Lo viene demostrando desde que publicó su primer libro, ‘Una vez había un pueblo’. Aquel volumen entró poco tiempo después de publicarse, en 1981, en mi casa de Pobar, en la soriana Sierra del Alba. Su lectura atrapó a mi padre, que se veía reflejado en aquellas páginas que hablaban de su día a día labrando, en la siega o cuidando las ovejas. También mi sobrino de cinco años dio sus primeros pasos en la lectura con las historias de Valdegeña. Por aquellos días, una tarde de agosto fuimos los más jóvenes de Pobar a fiestas de Matalebreras, a medio camino entre la sierra del Alba y la sierra del Madero. Y me sacó a bailar un chico. ¿Cómo te llamas? Nuria ¿y tú? César. ¿De dónde eres? De Pobar, y tú? De Valdegeña. ¡El pueblo de Avelino Hernández! Gracias a 'Una vez había un pueblo', la conversación no se acabó con la pieza de baile, sino que siguió por derroteros literarios e hizo que trabásemos una amistad. Pero como le dice Jonás a Juan en 'Campodelagua', lo que sucedió después, a su tiempo se sabrá.
Tardé varios años en conocer personalmente a Avelino. Fue en Madrid, cuando yo estudiaba Periodismo. Él acababa de publicar 'La sierra del Alba', un libro duro y poético sobre los estragos de la emigración entre los pueblos de mi sierra, incluido Pobar. Leí aquella obra en el metro. Mis lágrimas emborronaron el párrafo en el que Avelino contaba que, en las noches de invierno, se oyen sollozos. Es la Sierra del Alba que llora porque no ha podido alimentar a sus hijos. A los pocos días, Avelino fue invitado a la casa de Soria en Madrid, con la que yo colaboraba. Pedí que me presentaran al escritor, pero entre tanto protocolo nadie se acordó de aquella tímida estudiante. Así que me armé de valor y me puse delante de aquel hombre enjuto con aspecto de Quijote bondadoso y le dije: “Soy de la Sierra del Alba”. A Avelino se le iluminaron los ojos. Y más cuando supo que fui la última en nacer físicamente en Pobar, y que mi madre, viuda desde dos años atrás, seguía viviendo en el pueblo. También recordaba que César le había hablado de mí y de nuestra afición a su obra. A los pocos días, mi madre recibió una postal que firmaba el escritor de Valdegeña y que llegó a sus manos aunque como destinataria ponía únicamente: “Para la madre de Nuria. Pobar (Soria)”.
Gestos como enviar aquella postal con unas mujeres cosiendo al carasol en un pueblo castellano engrandecían a Avelino. Y también el cultivo de uno de los secretos de su éxito: saber escuchar. Su proyección literaria se iba incrementando a medida que crecía su vocación universal. Como decía en una entrevista con Javier Narbaiza, “en medio de esta voluntad de presencia en lo más universal, nada me desvía de una idea muy clara: que soy el hijo del tío Eustaquio y de la tía Milagros de Valdegeña -¡Qué error olvidar o negar los orígenes!- Y que hay que darse cuenta de que para identificarte tienes, además del documento de identidad, dos verdades: tus raíces y tus obras”.

En Mallorca, donde se fue a vivir en los años noventa, le ocurrió una anécdota que cuenta su amigo Pepe Sanz y que describe metafóricamente cómo miraba al horizonte sin perder de vista su procedencia. Se compró una pequeña embarcación llamada  llaúd. Mientras preparaba los aperos para hacerse a la mar vio que un marinero le observaba. Creyó que se estaba riendo de él  porque desconocía aquellas artes. Pero el marinero lo negó y le dijo: “este barco lo construí yo, es el mejor de la bahía de Alcudia. Está hecho con madera de pino de Soria”.  

Varios años después, César y yo tuvimos un reencuentro casual que derivó en algo más que amistad. Aprovechando una visita de Avelino a Valdegeña  le contamos que queríamos invitarle a nuestra boda porque nos íbamos a casar por su culpa... mejor dicho, gracias a 'Una vez había un pueblo'. Acudió encantado con Teresa a Pobar. Luego supimos que huía de ese tipo de eventos, pero quiso hacer una excepción porque no quería perderse el enlace del hijo mediano de José, el de la taberna de Valdegeña y personaje de sus libros, con una muchacha de  la Sierra del Alba.

Días después, ese mismo mes de mayo, le diagnosticaron un cáncer. Pidió al médico que le dijera toda la verdad, sin paños calientes ni eufemismos. Así supo que le quedaban apenas unos meses de vida. Como recoge 'Cartas desde Selva', se lo explicó por carta a su agente literaria de entonces con estas palabras: Querida Carina: Te voy a contar un asunto que nos va a llevar a tomar algunas decisiones. Tengo cáncer de riñón, maligno, con metástasis varias por ahí dentro. Francamente feo, estadísticamente meses”.

Con una entereza increíble, Avelino aprovechó esos trece meses de vida para dar forma a la producción literaria que le quedaba pendiente, para seguir sembrando a voleo una simiente que todavía hoy sigue dando frutos. 

Gracias a sus desvelos y a su iniciativa, cada primavera vuelven a brotar en Valdegeña las risas infantiles, y no solo las de nuestros dos hijos. Cientos de chavales procedentes de colegios e institutos de toda España acuden a conocer el pueblo del dueño de la boina asesina, otra de las creaciones literarias de Avelino, y acarician la cabeza a la estatua de su personaje Silvestrito para aprobar las matemáticas. Es el efecto llamada de un escritor que puso la inteligencia al servicio de la vida. Se comprueba, por ejemplo, al leer los blogs de los alumnos que visitaron Valdegeña el pasado mes de abril, como Manel Bonel, estudiante de 1º de Bachillerado del instituto Eugenio d'Ors de Villafranca del Penedés. Dice así:

Creo que lo esencial de la visita fue descubrir cómo la vida en Valdegeña pudo haber influido en la literatura de Avelino Hernández. Aunque sea un pueblo sencillo, Valdegeña le enseñó al escritor unos valores auténticos y esenciales (la solidaridad, el sentido de la libertad y de la justicia, el respeto, el amor a la naturaleza) que orientan su literatura y que posiblemente explican el modo de vida de Avelino y Teresa, tan filosófico en el fondo.

Me gustó mucho conocer al hermano de Avelino, Ricardo. Me impresionó su carácter, sobre todo sus ganas de luchar por su pueblo y mantenerlo vivo. No me podía creer tampoco la amabilidad que se respira en Soria: Ricardo me regaló una boina (un elemento muy característico suyo y de Avelino) solamente porque me interesé por esta prenda”.
Hoy tenemos aquí con nosotros a Ricardo, hijo también del tío Eustaquio y la tía Milagros, que ha venido de Valdegeña y se ha traído la boina.

lunes, 7 de febrero de 2011

Economía, por Jose Antonio Gonzalo

ECONOMÍA


Centros de decisión económica 

Para Valdegeña hay dos centros importantes donde se toman las decisiones económicas que marcan su devenir. Uno está al norte del pueblo y otro al sur. 

El del norte está algo lejos de la población, en 200 Rue de la Loi (Bruselas, Bélgica), sede de la Comisión de la Unión Europea, donde se decide todo lo relacionado con las subvenciones agrícolas y ganaderas. El del sur queda más cerca, pero aún así es necesario echar merienda si no quiere uno llegar exhausto, puesto que está situado en los Nuevos Ministerios de Madrid, y no es otro que el de Trabajo y Seguridad Social, donde se decide lo relativo a las pensiones de los jubilados. 

Hay más centros de decisión económica y más lugares donde se deciden cosas, pero para Valdegeña no pasan de la categoría de anécdotas menores, comparados con los anteriores. 


Activos y pasivos 

Siempre se ha dicho que en Valdegeña había más vacas que habitantes, lo cual era una muestra de la prepotencia ganadera de antaño. Por desgracia ya no es así, porque en el principal predio ganadero, La Dehesa, pastan poco más de media docena de bóvidos propios y, a veces, unas decenas de reses forasteras que no alcanzan a cubrir más que alguna esquina de la vasta extensión de lo que otrora fuera la principal fuente de riqueza del pueblo, capaz de albergar a los animales que  aportaban el sustento de las familias zorreras (eso sí, con los límites de 8 vacas por familia que marcan, al parecer, los estatutos de la propiedad colectiva). 

De todas formas, estos párrafos pretenden hacer recuento de los recursos económicos con los que cuenta el lugar. En un primer recuento, a ojo de buen cubero, pueden distinguirse los siguientes activos:

- 40 habitantes, casi todos veteranos, según el último censo (aunque en verano, o sea del 1 al 15 de agosto si    viene apacible el año, puede triplicarse la población); 
- 13,20 Km. cuadrados de superficie (la Dehesa ocupa solo 1 Km. cuadrado, el resto se divide entre tierras de labor y monte, aunque éste último ocupa más del doble que aquéllas); 
- dos docenas de casas en buen estado, y otras tantas derruidas o en franco proceso de hundimiento, por el peso del tiempo; 
- una mina de galena (mineral con plata y plomo) abandonada tras el fin de la autarquía; 
- red de agua, alcantarillado, luz eléctrica y pavimentación, que alcanza a las casas habitadas (el teléfono se solucionó sin cables, mediante instalaciones celulares); 
- una carretera que comunica el pueblo con la general, multitud de caminos, sendas y trochas hacia los campos de labor y al monte, y la vía del tren con su apeadero, como principales exponentes del resto de infraestructuras públicas. Muchas de estas están inutilizadas, como los antiguos caminos del monte, o abandonados, como el ferrocarril; 
- uno o dos coches por casa abierta, media docena de tractores y un par de cosechadoras; 
- algunas majadas y corrales en el monte, aunque pocos conservan su uso; 
- semovientes: ovejas, cerdos (que aquí se llaman también gutos), vacas (con su toro semental correspondiente), gallinas y perros, cabaña a la cual se han venido a sumar en 1999 unas pocas avestruces, que parecen preguntarse qué pintan en un sitio tan frío, sin saber lo jugosa que está su carne, blanca y sin grasa, en el plato; y 
- una cantera, de la que hace tiempo se sacó la piedra con la que un cantero de Colmenar hizo los adoquines de la calle Nueva, que hoy está abandonada. 

Hay, en Valdegeña, un cierto arraigo de viejas tradiciones castellanas, entre las que destaca la presencia de formas de explotación común de ciertos recursos del municipio, que parecen pertenecer más a la colectividad que al Ayuntamiento, pero éste los administra por defecto de gerente mejor.

Son los restos de ejidos y tierras comunales, que en muchos pueblos han desaparecido, pero que suponían en la Edad Media, cuando se fundaron estos asentamientos, un seguro de subsistencia para los vecinos, usufructuarios de la parte que les tocase del común. Antaño, tanto ciertas eras como los montes del común, tanto las dehesas como las tierras comunes de labor, eran compartidas por los vecinos, entre los cuales se sorteaba de forma periódica su aprovechamiento.

Hoy todavía pervive la institución económica, y los que tienen la condición de vecinos del municipio pueden contar con algunas pequeñas ventajas: utilización con límites de la Dehesa,  uso de las suertes de la Vega, posibilidad de cortar leña de los montes comunales, etc. La verdad es que no es mucho el provecho económico que todo esto da, pero es menester alabar la pervivencia de una institución social que arraigó hace muchos siglos, no está escrita y se conserva de forma escrupulosa. 


Agricultura 

La altitud media del término de Valdegeña supera los 1.100 metros sobre el nivel del mar, y además no tiene prácticamente cursos de agua regulares, salvo el año que llueve mucho y bajan los arroyos. Por eso lo único que puede crecer, de forma regular, son los cereales de secano (trigo, cebada, avena, centeno, etc.). En el pasado los cultivos estaban más diversificados: se sembraba esparceta, para forraje de los animales; legumbres, alimento para las personas y para la tierra que las criaba; patatas... Los antiguos huertos con pozo han dejado de cultivarse. 


Afortunadamente, la concentración parcelaria resolvió, en los años sesenta, el problema de la pequeña dimensión de las explotaciones agrícolas, reuniendo las de un sólo propietario en dos o tres parcelas de tratamiento mucho más fácil. A la vez se fueron trazando los caminos para llegar a ellas y se permitió así la mecanización, entonces incipiente y hoy exclusiva. Con la concentración parcelaria, la mecanización y nuevos métodos de explotación se apartó la diversificación de cultivos. 

Junto con los pedujales desaparecieron, sin remedio y desgraciadamente, muchas otras cosas como las hoces y las horcas, los carros, los trillos y... los jóvenes, puesto que ninguna de estas "herramientas" eran ya necesarias para sacar a las tierras su fruto. Lo que antes se hacía por muchas personas, con mucho esfuerzo y sin ninguna seguridad de obtener producto, hoy se puede hacer con máquinas y viviendo a muchos kilómetros de los terrenos de labor. 
 
Es cierto que, con tanta automatización, se le puede sacar al campo diez veces más de lo que se pretendía sacar hace sólo años. Además con las modernas técnicas de cultivo el resultado de la cosecha está menos sujeto al azar. Pero los precios de los cereales, en los mercados libres, no han subido ni un céntimo en ese mismo período de tiempo, con lo que los agricultores tienen que malvivir con las subvenciones y los precios mínimos garantizados de la Unión Europea. ¡Por si no fuera poco eso de estar mirando al cielo toda la temporada, hay que mirar también los telediarios y los boletines oficiales para enterarse de las migajas que pueden tocar de los dineros del erario público europeo! Los dichosos fondos (quizá los dichosos sean los beneficiarios) cambiaron algunas costumbres, como monocultivo cerealista, con la introducción de girasol, pero sorprendentemente no del todo, pues por aquí no se llegó a ver el lino.



Ganadería 

Las condiciones naturales del campo y de los bosques de Valdegeña para la ganadería son inmejorables, y la producción no depende de las condiciones del clima. Aquí se puede criar todo tipo de ganado: ovino, vacuno, porcino... pero no se cría casi nada.
 
Vayamos por partes. Las cabras, que pastaban en número de varios cientos por entre las encinas del monte desaparecieron, sacrificadas por Sanidad tras una epidemia de fiebres, en los años sesenta, y nadie quiso, desde entonces, reponerlas. El queso que se hacía con su leche no tuvo ni siquiera la oportunidad de ser propuesto para una denominación de origen. 

Las vacas fueron abandonadas hace menos tiempo, en los años ochenta, sacrificadas en el altar de un dios de la mitología centroeuropea que se llamaba, y se llama, "Cuotas Lecheras", para conseguir a cambio unas pequeñas indemnizaciones que premiaban la falta de actividad voluntariamente pactada, que resolvía seguramente algún que otro problema personal e incluso las situaciones políticas de aquel momento, pero que hundía en la más horrible de las nadas ganaderas a una región, la más grande en extensión de Europa, que otrora se llamó Castilla y fue también grande, pero de otras maneras más dignas. 

La arraigada, en otros municipios vecinos, cría de cerdos para su venta en mataderos y fábricas de embutidos, no ha calado mucho en Valdegeña. Algún intento hay, pero entre la edad de los criadores (demasiado alta) y la estructura de los precios del mercado (demasiado baja), no será raro que en unos años desaparezcan todos los intentos. Lo agradecerá la nariz de los veraneantes, pero de nuevo se resentirá la pobre economía de todos. 

Machos (mulos), caballos y pollinos desaparecieron con la mecanización del campo. 

En los últimos años se registra, también, alguna explotación apícola, aprovechando la abundancia de flores aprovechables en los arbustos que crecen en los montes (jaras, tomillos, etc.) 


Silvicultura

La mayor parte de la superficie de Valdegeña está cubierta por monte bajo: carrascas y rebollos. También hay algún conato de arboleda: encinas, olmos, álamos y alguna pineda aislada y perdida. Espinos albares (majuelos) sabinas (enebros) y endrinos también pueden ser vistos en el término.
 
Los aprovechamientos, sin embargo, son escasos. Antes se hacía leña y cisco, como lo atestiguan los abundantes restos de cisqueras en el monte. Hoy sólo se hacen algunas cortas y rozas en las partes más accesibles del monte. 

Dentro del monte crecen, para delicia de caminantes en fin de semana, setas y hongos. Antaño había muchas trufas, que hoy se intentan criar en encinas preparadas al efecto. 


Pesca

Ya que hablamos de todo, es menester recoger la vida fluvial, no porque sea importante desde el punto de vista económico, sino para rendir de nuevo tributo a esa nada que es la economía de Valdegeña. 

Los viejos nos dicen que antes, en el río de La Dehesa, había peces y cangrejos por sacos. Yo, aunque más joven, he visto los unos y los otros, pero debo suponer que la referencia a los sacos tiene más que ver con el método de transporte de los bichos que con el volumen de la pesca, porque nunca he presenciado pescas más que modestas de tales especies. 

Los niños también pescan ranas en el río y renacuajos en el pilón, y además ya no quedan ni peces ni otros animales acuáticos en el río, que baja un año sí y otro tampoco desde que hay sequía, esto es, hace un montón de años. 


Caza

En el hoy acotado término de Valdegeña, hay ahora, y hubo en mejor medida antes, buena caza: codorniz y perdiz, conejo y liebre, pato y paloma, jabalí y ciervo. 

Es uno de los deportes más practicados, que ha quitado hambre y necesidad en otros tiempos, y quita centímetros de cintura en grasas indeseables hoy. Un paseo matinal por el monte, a pasear la escopeta, es una de las actividades más interesantes y reconfortantes. 


Oficios

Las sociedades agrícolas y ganaderas, como en el caso de Valdegeña, generaban oficios necesarios para el mantenimiento del aparato productivo, desde los cantineros a los agosteros pasando por herreros, afiladores, veterinarios, cabreros, vaqueros, etc. Nada de eso queda hoy en el pueblo: se han ido como por ensalmo. Por otra parte, aquel sistema económico, con tantos oficios incluso reunidos en una misma persona, generaba un sinfín de productos. Del campo de labor se obtenían cereales, legumbres, y verduras; de los animales, leche, queso, carne y huevos; del monte, leña y cisco; y de las personas muchas producciones esporádicas o permanentes, como los trabajos en la carretera o en el ferrocarril, peonadas como albañiles, la ropa que las mujeres cosían para todos los de la casa... 

Por el contrario, hoy proliferan otros oficios, antes desconocidos, como los de jubilado (casi todos los habitantes en invierno) y los de veraneante (casi todos los habitantes en verano). A la vez, se ha uniformado la producción: ya casi no se produce nada (en variedad o cantidad). 



J. Antonio Gonzalo Angulo

Cultura, por Avelino Hernández

CULTURA

Al hablar de la cultura en Valdegeña, como en la mayor parte de los pueblos de la provincia, debe hablarse de la cultura de ayer, cuando la comunidad municipal tenía cuerpo suficiente para desarrollar costumbres, tradiciones, leyendas, oficios, fiestas...Hoy prácticamente todo es ya material en la memoria colectiva con algunas reminiscencias que perduran: la vieja fragua, la fuente vieja, el lavadero, el pilón, el apeadero, el rosario de los velatorios, los entierros, la hoguera de navidad... 

Artísticamente el templo parroquial lo contiene todo lo más significativo, destacando su pórtico románico puro, la pila del agua bendita  y el ábside de transición al gótico, la pila bautismal y el valioso retablo que la decora -merecedor de restauración y mayor cuidado- Igualmente válida la imagen de la Virgen del Rosario, estando documentada su autoría y costo según hallazgo reciente de Antonio Lucas Martínez. Y por supuesto, la cruz procesional.

En la ermita de la Virgen de Gracia todo es discreto, salvo el interesante hallazgo, al pavimentar la calle frente a la antigua Casa Consistorial, de un cementerio medieval que ahí perdura enterrado una vez estudiado por Teógenes Ortego.

La arquitectura civil presenta media docena de buenos ejemplares de casa rural castellana, siendo el más destacado el de los Delsos, en la Plaza Vieja. Igualmente hay buenas muestras de dinteles con elementos figurativos alusivos a las actividades -labranza y pastoreo- de los propietarios (Casa del Barrioalto que habitaron los últimos los citados Silvestre y Mercedes) o con textos expresivos (Casa del tío Secundino y, sobre todo, versos en el dintel de la casa de Eustaquio Hernández y Milagros Lucas).

      
El idioma castellano hablado en Valdegeña, siendo extraordinariamente preciso y puro, añade la connotación de poseer algunos  términos originales no consignados oficialmente en diccionarios, así como vocablos y expresiones propios del área aragonesa-Navarra con las que tiene frontera.

Los oficios artesanos -junto a la agricultura y el pastoreo- crearon toda una gama de costumbres y enseres que están minuciosamente reseñados en las memorias de Francisco Lucas Delso (zapateros, cabreros, estañadores, carboneros, herreros, esquiladores, cacharreros etc, etc, etc)

La religión dio lugar igualmente a una prolija sucesión de fiestas y celebraciones, estrictamente religiosas unas, otras mixtas entre la religión y el folclore (De entre éstas a destacar el canto del rosario de la aurora, con guitarras y bandurrias. Existe un interesantísimo cantoral del siglo pasado con las letras correspondientes a cada día del año en que se cantaba la aurora. De la música no se ha podido recoger memoria, pero es posible que aún se pueda llegar a tiempo si se habla con el señor Enrique.)

En este mismo orden de cosas existen tres cancioneros más, copiados de manuscritos que se conservan, conteniendo diferentes canciones de tipo religioso, especialmente señaladas las de la semana santa. De estos sí queda memoria de la música, que aún en buena parte se canta. Otras canciones festivas, propias de rondas, bailes, petición de aguinaldos etc quedan en la memoria de las gentes, habiendo grabado el grupo Trovadores de la Paz, de Ólvega, una muy hermosa de petición de limosna por las mozas a los mozos 

Los festejos relativos a bautizos y bodas -el padrinazgo, el piso, el rosario de los mozos...- además de pertenecer al patrimonio personal de los habitantes, están volviendo a ser recuperados por las nuevas generaciones que vienen a bautizar aquí a sus hijos o a casarse. 

Algo similar ocurre con el rito de entierros y el rezo del rosario de velatorio incluso por difuntos del pueblo que mueren lejos del pueblo.

Las costumbres de los diversos festejos del ciclo del año -invierno, primavera, verano, otoño, cuaresma, semana santa, fiestas patronales, esquileo, matanzas, siega, siembra, suelta-cuidado y recogida del ganado, caza, pájaros, medicina natural, misiones, leyendas, noche de difuntos, cuentos, historias de lobos, aparecidos, crímenes, picias de chicos, ir a la escuela, chanzas de lavadero, juegos etc, etc, están espléndidamente recogidos en las citadas memorias, merecedoras de una sencilla edición por parte de alguna institución o por escote de los propios hijos del pueblo, ya que difícilmente se hallará un pueblo tan pequeño y tan variada y hermosamente contado como el nuestro.


En torno a estos libros y otros trabajos del autor, desde hace años, la comunidad escolar soriana y castellana vienen realizando diversas actividades didácticas y culturales en Valdegeña, dejando la impronta de inscripciones alusivas  en cerámica, murales, bajorrelieves y estatuas que en la actualidad embellecen las calles y fachadas de numerosos edificios. Destacan especialmente entre ellos el mural "Valdegeña también es mi pueblo", el bajorrelieve "Silvestrito" y la estatua "Chico de pueblo", del artista Carlos Colomo, instalados a raíz de la concentración escolar de 600 niños de la provincia en mayo de 1999.


Avelino Hernández


viernes, 28 de enero de 2011

Cuestión de "Eñes"

Recuperado de la web anterior.

Es difícil explicar el sentimiento que invade a quien, queriendo dar a conocer mejor su pueblo  aprovechando los recursos de las nuevas tecnologías, tiene que aceptar al mismo tiempo la renuncia a una de las nueve letras de su nombre en aras de la exigencia de dichas tecnologías.

En efecto, amigo visitante, la letra número ocho del nombre del pueblo que te presentamos corresponde a esa que, en el alfabeto castellano, se forma situando la cresta de una ola sobre la letra ñ. Letra que, como bien sabes, no existe en el alfabeto de Internet.

Pero curiosamente, esto nos permite comenzar la presentación de nuestro pueblo de forma sorprendente. Porque resulta que tal letra tampoco ha existido en su nombre hasta bien entrado el siglo XVIII.

Dos son, en efecto, las toponimias usuales en todos los documentos anteriores a estas fechas:

*-Valdejaenna (cfr. indagaciones de Felipe II)

*-Valdegehenna (cfr. documentos administrativos correspondientes al sexmo de Lubia)

Ambas pruebas documentales han dado lugar a una doble línea interpretativa sobre el significado del nombre del pueblo.

1.-Quienes trabajan con la variante "Valdejaenna" lo harían derivado de la conjunción mixta latín/árabe "Val-valle, Jaenna-camino de paso de caravanas" (justificada por la coexistencia de ambas culturas largo tiempo en el valle del Rituerto y por el dato de que la calle bajera del pueblo era, en efecto, y ha sido hasta muy recientemente camino de paso obligado para las caravanas y recuas que realizaban el comercio con tierras del valle del Ebro).

2.-Quienes trabajan con la variante "Valdegehenna" prefieren la opción sólo latina "Val-valle, Gehenna-infierno" (en referencia a las especiales dificultades y peligros que supuestamente implicaría cruzar el vallejuelo que se adentra por el paraje conocido como Agua Salobre camino del citado valle del Ebro).



Avelino Hernandez

lunes, 13 de diciembre de 2010

Describiendo Valdegeña...


Cierro los ojos, paso la última curva del camino y ya lo diviso a lo lejos como si de un espejismo se tratase. En medio de la nada parece que las montañas lo arropasen y aún así nadie lo protege del frío soriano.

Sus casas, humildes y robustas, son como soldados que erguidos y sin cansarse aguardan a los vientos enemigos que pretenden arrasar con la vida que allí queda.

El valle del infierno, se queda despoblado, y sin un alma por las calles, descubres sus encantos. Ya, sin renacuajos en el pilón y sin vacas en la dehesa, sientes que las cosas están cambiando demasiado rápido.

Pero de repente notas su cielo castellano en el que sumergirse es inevitable, el olor tan peculiar al llegar que te trae los recuerdos de la niñez, su misterioso silencio que te embriaga, sus gentes tan sorianas y a la vez tan distintas entre si y sus costumbres que se desvanecen con el paso de los años, no son más que el tesoro que nos está robando el tiempo.

Vas desde el barranco hasta el barrio de la Balsa, pasando por la Plaza Vieja, la Escuela, el frontón, la estatua de Silvestrito (tócale la cabeza y aprobarás las mates), el barrio alto, la fuente, el lavadero, la era, tu peña, la mía y la fragua, es ahí cuando te das cuenta que desde lo más alto, su Iglesia vigila tus pasos, su historia se ve en sus muros, y entonces descubres que hay tesoros que aun están inexplorados.

En apenas cuarto de hora te das cuenta de la magia que hay tras los pasos que acabas de dar. Puede que sea el cariño, o tal vez el orgullo de haber pertenecido a su tradición lo que te hace ver Valdegeña como un regalo de los Dioses, pero sin duda los días que se viven allí quedan grabados muy adentro.
 

Clara