Todos a buscar disfraz!!!
miércoles, 23 de octubre de 2013
martes, 8 de octubre de 2013
Homenaje a Frutos
Con independencia de creencia o no creencias, hay que reconocer que
dedicar toda una vida a los demás ya es digna de merito y reconocimiento.
Frutos ingreso en los Agustinos Recoletos con 12 años en Monteagudo de
Navarra, continuo sus estudios en Marcilla y Tolosa. Se ordenó sacerdote en
1963 y su primer destino como misionero fue Palawan, una isla muy lejos, en
Filipinas; después fue trasladado a la capital Manila. Tras media vida en
Filipinas, un buen día sus superiores deciden que debe cambiar de aires y de
continente, lo destinan a México, primero a Chihuahua y finalmente a México
DF.
El día 11 de
septiembre, con casi 76 años, tras disfrutar un mes de vacaciones, vuelve a
México
-
Pero Frutos! No te jubilas ya? Le pregunta
la gente en el pueblo.
-
El contesta: En esta profesión mía uno no
se jubila, se trabaja mientras se puede.
Frutos, a base de sencillez, cariño y respeto conquista a la gente sin
hacer ruido. El sencillo homenaje que se le hizo en Valdegeña por parte de
niños y mayores fue muy emotivo. Se le hizo entrega de varios regalos, una
placa conmemorativa con foto de Valdegeña incluida; la parroquia le obsequio
con un reloj; y por último, lo más valioso, el detalle de los niños, cada uno
le pinto un dibujo con paisajes del pueblo, incluso le dedicaron unas palabras
emotivas que decían así:
Felicidades
Frutos! Que cumplas muchos más y que cada verano te veamos de nuevo por
Valdegeña.
Alberto Delso
miércoles, 24 de julio de 2013
domingo, 7 de abril de 2013
Pensamientos
Yo no puedo hablar
de Moisés sin ponerme de mala leche a veces, un poco cotilla y metiche, que te
daba su opinión sin pedirla, que si los jóvenes esto, que si los jóvenes
aquello, nos regalaba caramelos derretidos je je.
Cada domingo, Toc Toc,
sonaba la puerta después de comer, ya sabes quién es, yehhhh!! ¿Qué vida?!! Saludaba, el Moisés y el Isidro como
decimos en mi casa. Ahí llegaban siempre, la pareja como el gordo y el flaco.
Con sus boinas, sujetando la paja de trigo entre los labios. Siempre habla más
Moisés, que si este político es un
ladrón que el otro también jejej, la alegría de la huerta cuando llegaban,
aunque, cómo jodía el Moisés. Gran amigo de mi abuelo, de la familia, gracias
por todo. Una cosa me quedó pendiente,
hacerle fotos a esos ojos azules y las arrugas marcadas de su cara, me quedé
con esa pena.
En fin, parte de
nuestras vidas, pues aunque al final se hizo famosillo, hablar de él es una
excusa para hablar del pueblo, nuestro pueblo, aunque no hayamos nacido en él y
nos llamen forasteras. Un pedacito de
Valdegeña, con Audaz, Antonia, Guadalupe… y los que se han ido antes. Cada vez
que escucho, se ha muerto tal… se ha muerto cual… se me encoje el corazón y me
brotan las lágrimas como que hubiera sido alguien de mi familia, muy cercano.
También porque para mí no son
solo personas, son parte de una historia, mi historia, mi infancia, los
personajes que había en escena siempre y
que llegada una edad te hacen darte cuenta de que el tiempo pasa y las cosas
cambian. Y solo quieres volver a cuando eras niña, al bocata de nocilla, donde
todo estaba bien y las cosas no cambiaban.
jueves, 4 de abril de 2013
Para Moisés, ahora que nos ve desde otro sitio
Moisés Casi
Nadie. Curtido por cien mil hielos y abrasado por todos los soles
del estío. Ahora que te nos has ido y no te veremos más saludar por los
caminos, apoyado en un palo, vistiendo camisas de antaño y una boina enorme
heredada del Avelino. Ahora, digo, es bueno recordar contigo lo que fuimos y no
volveremos a ser.
Moisés De
las Sentencias. Que recitabas de corrido. Aprendidas de tus mayores
y los nuestros a lo largo de tantos años, que respetabas como si fueran sagrada
doctrina. Cuando no se ha ido mucho a la escuela porque había que arrimar el
hombro, las conversaciones y las ideas de los hombres del pueblo con quien
convives se le quedan a uno grabadas a fuego en la memoria; son la fuente de
inspiración para toda la vida.
Moisés de
Valdegeña. El pequeño pueblo acostado en la montaña,
desparramado desde el Carrascal hasta La Balsa, y desde Peña Rubia hasta El
Llano. Nos gustaba encontrarte en el camino de La Dehesa, encaramado en una
piedra en el carasol de la tarde, oliendo la tierra y oteando el cielo para
saber si iba a cambiar el tiempo.
Moisés
Ciriano. La vía y la carretera general guardan todavía los
frutos de tu trabajo. Solo llegar a la obra te tomaba un par de horas. Luego
había que trabajar ocho más y volver al pueblo. Con lluvia y cellisca en el
invierno. Con sol de justicia en el verano. Con el hatillo a cuestas: pan y más
pan con algo del tocino en la fiambrera. Cuánta privación para acabar cobrando
una pensión mínima, que veías como el maná prometido y bendecías porque ni en
sueños hubieras podido imaginar que la cobrarías sin apenas haber cotizado.
Moisés Fiel
a Ti Mismo. Con la escopeta al hombro o con la hoz, acarreando
mieses o aventando, tras la yunta arando o con el mallo de partir piedras.
Luego fiel también a tu tradición y a tu costumbre. En el pueblo sin
frigorífico y sin televisión, calentándote en el hogar, como hicieran desde
hace cien generaciones los agricultores de tu familia.
Moisés
Estrella. Un día te pusieron un micrófono y te grabaron
diciendo las verdades como puños, que les podías recitar de memoria porque
practicabas en el pueblo con quien quisiera oírte, aderezadas con ese tomillo
de ciencia infusa que tenía más de sentido común que de economía. Más de
repente genético de humilde soriano que de rigurosa deducción lógica. Ya
sabéis: cuando se tiene no se gasta, y cuando no se tiene mucho menos. Los de
ciudad, heridos por tanto realismo, quisieron creer que habías predicho la
Crisis Grande un par de años antes de que mostrase la oreja. ¡Qué ingenuos!, lo
que habías anticipado no era esta crisis financiera que nos envenena el
presente, sino la crisis eterna que siempre vuelve a los hombres cuando no se
necesita, precisamente con la resaca de la fiesta: predecirla es tan fácil como
adivinar que hará frío en el invierno o que lloverá algún día de estos, por
mucho que haya durado el buen tiempo.
Moisés Casi
Na. Te echaremos de menos cuando volvamos al pueblo, que ahora
es mucho más un paisaje sin figuras once meses y medio al año. Añoraremos las
mañanas al sol en la Plaza Vieja y las tardes en la Escuela, cuando dabas las
últimas noticias de casi todo. Seremos más pequeños sin ti, porque con ti se ha
ido algo de cada uno de nosotros que no volverá, un poquito de la esencia que
nos hacía ser quienes somos. Te añoraremos a ti, o lo que es igual echaremos en
falta la parte de nosotros que te has llevado.
José
Antonio y Clara
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